Seis palabras y el fin de un mundo

No deja de fascinarme como una acción, el desvelo de una verdad que no tenía porque saberse o el incumplimiento de las ilusiones pueden corromper años de luz. ¿Acaso la paz es guerra contenida y el resplandor la mentira de una sombra blanca? En el silencio se resguarda todo aquello que puede quebrantar la serenidad de lo cotidiano. Y así fue hasta que…

“Creo que ya no te quiero”

Seis palabras y el fin de un mundo. Recuerdo que leía a Kundera cuando entraste y me lo dijiste. También reconozco que con el tiempo la escena ha ganado matices de comicidad. Ahora te imagino ensayando la frase frente al espejo mientras yo, ajeno a todo, leía en el sofá. Yo tan tranquilo y tú tan nerviosa para que segundos después una frase lo cambiase todo: tú tan aliviada y yo tan desconcertado. El silencio posterior se fue expandiendo hasta inundar todo el salón, ya que esas seis palabras necesitaban tiempo para darse a entender, instaurarse en nuestra realidad y revelarse como la revolución que eran. Bajo a por el pan, ¿vale? también son seis palabras, pero ésas nada hubiesen cambiado. 

Me quedé mudo, ahogado en preguntas y tú me mirabas extrañada, asustada porque no te estaba ofreciendo la escena apropiada para todo el discurso que habías preparado para después de la revelación. Creías conocerme lo suficiente como para intuir mi reacción pues en esa escena me veías haciendo mil preguntas, como un niño asustado, por lo que te preparaste para responderme con pedagogía y aplomo. O quizás creíste que me lo tomaría a broma y ya habías decidido que en tal caso tendrías que repetir esas seis palabras, otra vez pero con mayor seguridad. Incluso puede que te imaginases una reacción violenta por mi parte, poniéndome en pie mientras cuestionaba tu salud mental a gritos. Pero no te entrenaste para el silencio. Se notaba en tu forma de mirarme, no olvidaré esos ojos suplicantes de respuesta. 

Nunca conocemos a nadie hasta el extremo de poder definir con exactitud la gestión de sus resistencias. Allí estabas, aliviada pero intranquila. Qué injustos somos con aquellas personas que no cumplen con las expectativas que hemos proyectado en ellas. Te enfadaste conmigo porque no fui quien esperabas que fuera. Si ganar discusiones fuese posible creo que la victoria depende en saber desquiciar al otro ofreciendo escenarios inesperados. Discutir es un juego sucio de esperanzas y probabilidades y lo justo sería decir que aquella tarde hubo un empate con goles. 

No cómo ni cuándo tú quisiste, pero llegaron esas preguntas cuyas respuestas tan bien planificaste. También llegaron los gritos, las bromas y los silencios. Las lágrimas y el sexo. ¿Qué es una ruptura sentimental sino millones de breves funerales? La muerte de gestos, palabras, bromas y miradas que solo a nosotros nos pertenecían. El adiós de un lenguaje. 

Recuerdo pensar que en las sombras de nuestro reino derruido viviría mejor. Decía Diderot que engullimos de un sorbo la mentira que nos adula y bebemos gota a gota la verdad que nos amarga. Hoy vivo sin sed. 

Portada: Scenes from a Marriage (Ingmar Bergman, 1973).

2 Comments

  1. Algunos no están preparados para afrontar la verdad, otros no sabrían cómo reaccionar ante ella. Una narrativa muy sensorial. Saludos por aquí. 🍃

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