El Ganso Salvaje – Ogai Mori

Cuando uno se adentra en las artes niponas se evidencia que una de las mayores preocupaciones de los japoneses es la convivencia entre la tradición y la modernidad.

Visto desde fuera y siendo lo suficientemente osado como para opinar desconociendo muchos aspectos sobre Japón, me atrevería a decir que es uno de los países que mejor ha sabido gestionar el cuidado de dos aspectos que a primera instancia parecen incompatibles. Uno sabe que en Japón puede encontrar escenarios propios de Blade Runner y también estampas en las que parece que el paso del tiempo se detuvo hace siglos. Robots, geishas, luces de neón y samuráis en armonía.

Creo que ese logro se debe a que dicha coexistencia ha preocupado mucho en la sociedad nipona. El conflicto entre la tradición y la modernidad, el paso del tiempo, el recelo por la llegada de nuevas generaciones… son temas muy presentes en el cine y la literatura del país del sol naciente. Yasujiro Ozu, Nagai Kafu, Kenji Mizoguchi, Yasunari Kawabata, Natsume Soseki, Hirokazu Koreeda, Yukio Mishima… son muchos los nombres del mundo del cine y la literatura que han mostrado interés por retratar los encuentros y desencuentros entre tradición y modernidad. Artistas de alma nostálgica y anacrónica que no sienten su época suya del todo.

¿Y a qué viene todo esto? A que la novela que reseño hoy me ha parecido un trabajo muy simbólico sobre dicho conflicto. Ogai Mori encaja perfectamente con los nombres que he listado en el párrafo anterior. Retomaré esto más adelante.

El Ganso Salvaje es la historia de un amor que no fue pero pudo haber sido. La protagonista de esta historia es Otama, una joven bellísima que fue víctima de un falso matrimonio al creerse las mentiras de un policía bígamo. A raíz de esa vergüenza y con el objetivo de paliar la pobreza de su humilde padre, la joven decide convertirse en la mantenida de un viejo usurero llamado Suezo.

Otama nos recuerda a las Norikos de Ozu: dulce, bondadosa y con una relación paternofilial que rebosa respeto, amor, paz y admiración. Incluso los conflictos de dichas relaciones despiertan ternura tal y como ocurre en las maravillosas películas del cineasta.

Como en Primavera Tardía o Cuentos de Tokio, la unión entre padre e hija es cordial, dulce y cercana. Tanto es así que para Otama no hay nada que la frene a la hora de asegurar un futuro apacible para su padre.

El segundo protagonista de esta historia de amor es Okada, un joven y brillante estudiante de medicina con la rutina de pasear por las calles tokiotas que conectan la universidad con la residencia de estudiantes en la que se aloja.

En uno de esos paseos Okada se queda prendado de Otama. Y ella de él. Desde entonces se buscan casi a diario, convirtiendo las tímidas e intermitentes miradas del principio en cordiales saludos y entregadas reverencias. Son muchas las páginas en las que no se media palabra, pero hay una notoria evolución del gesto.

El Ganso Salvaje es la típica historia de amor que el lector intuye pero nunca se llega a dar. Y ese amor no termina de florecer por tres obstáculos que el maestro Mori teje con una maestría narrativa a la altura de muy pocas plumas.

Por un lado, dibuja un triángulo amoroso añadiendo al prestamista Suezo como la nota discordante de la idílica, mágica, pura e intensa relación entre Otama y Okada.

Mori también añade el dichoso azar a la ecuación, simbolizado por el animal que da nombre a la obra. El ganso salvaje que hace su aparición en las últimas hojas es el sino que ocasiona un desenlace ajeno a los deseos de los enamorados, meros testigos de la fuerza de un destino cruel.

Y es que el tercer factor a que el amor se insinúe pero no se perpetre es la inmovilidad de Otama y Okama. El Ganso Salvaje es una novela profundamente psicológica, donde los pensamientos invaden casi la totalidad de sus páginas, ya que los jóvenes reflexionan pero apenas actúan. Hay mucho pensamiento y poca acción, planteamientos sin ejecución. Mori se adentra en la mente de los personajes con mucha destreza, haciendo que la mayoría de las escenas sean realmente anhelos, pretensiones e intereses.

Retomando el tema con el que abría la entrada, no es casualidad que la historia se ambiente en la época Meiji (1868-1912), tiempo de cambios y una modernización arrolladora que hizo temblar los cimientos de la arraigada y milenaria tradición nipona. Un país hasta entonces ensimismado cuyo renacer esplendoroso en el que abre las puertas a Occidente e incluso se alimenta de su cultura hace que se erija como una potencia mundial.

En El Ganso Salvaje sentimos la atmósfera de un Japón que se desvanece, un país en fase de modernización y apertura cuyas tradiciones empiezan a verse como vestigios de un pasado del que toca despedirse. En el propio triángulo amoroso del relato vemos a un señor mayor atrapado en el pretérito, con una profesión que ha perdido su razón de ser. Suezo es una figura despreciada por la sociedad. Okada en cambio es un joven estudiante de medicina, admirador de la modernidad, la ciencia y las artes de Europa. Y en medio, nos encontramos a la bella y joven Otama, ahogándose entre esas dos realidades que simbolizan el ambiente cambiante de la sociedad Meiji, un mundo que se desvanecía mientras que otro nuevo brotaba.

Es por ello que considero injusto limitar El Ganso Salvaje a su bella historia de amor. Sí, es un evocador relato de emociones contenidas, decisiones no tomadas, planes no llevados a cabo y oportunidades perdidas. Pero también es una pequeña radiografía de un país en plena mutación. Un retrato de ese Japón en eterno conflicto entre pasado y futuro, ese país que nunca deja de mirar atrás mientras en otros aspectos avanza vertiginosamente. Ese país que a tantos fascina.

 

Editado por: Acantilado
Páginas:  158
Traducción de: Lourdes Porta
Reseña escrita mientras escuchaba: In Rainbows – Radiohead
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5 comentarios en “El Ganso Salvaje – Ogai Mori

  1. Justo una de las cosas que más me atrae de la cultura japonesa es esa capacidad para unificar lo moderno y lo tradicional de una manera tan orgánica. Fluye de manera natural, o esa es mi impresión tras leer su literatura y ver su cine.
    De Ogai Mori no he leído nada, ya te comenté en otras ocasiones que mi gran asignatura lectora pendiente es la literatura japonesa. Aunque he leído poco, sigue fascinándome lo que voy conociendo y lo disfruto mucho.
    Tu “modo Japón” es contagioso, John, estos post que transmiten tan bien la belleza y delicadeza del género, hacen que quiera seguir conociendo un poquito más su literatura.

    ¡Un besazo!

    Le gusta a 1 persona

    1. Hola Eibi,

      Pues este libro funciona muy bien como acercamiento a la literatura nipona. Es corto, su historia es bellísima, Mori escribe con muchísima destreza y uno siente las calles de Tokio como suyas.

      Otra opción estupenda es la escritora Hiromi Kawakami. He leído recientemente su ‘El cielo es azul, la tierra blanca’ y ha sido una gran lectura.

      Gracias por la visita Eibi, ninguna de las entradas del blog está completa del todo si no te pasas.

      P.D: Como bien sabes, “mi modo Japón” va para largo. 🙂

      Le gusta a 1 persona

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