El Desconcierto – Begoña Huertas

Qué difícil es la comunicación entre alguien enfermo y alguien sano. Parece que se trate de dos especies diferentes de humanos.

Y qué difícil es hablar de esta obra…

En las páginas de ‘El Desconcierto’ Huertas intenta poner orden a unos pensamientos destinados al caos emocional que nacen de un diagnóstico tan atroz como lo es el del cáncer. De ahí la complejidad a la hora de hablar de este libro, tanto por el propio contenido de la obra como por la perspectiva desde la que se trata.

Es por eso que he decidido contrarrestar la búsqueda racional que tanta presencia tiene la obra escribiendo una reseña como nunca antes lo he hecho: a golpe de intuición, con pocas re-escrituras y de forma algo anárquica. En esta ocasión y por primera vez, no veo otro modo posible.

Uno de los aspectos que dificulta hablar de este libro es la barrera existente entre el lector (sano) y la propia obra. Una frontera que uno está obligado a respetar.

Que no se malinterprete, sería estúpido negar el acercamiento al despiadado mundo del cáncer que supone El Desconcierto. Nos invita a reajustar nuestra perspectiva respecto a la enfermedad, y desde luego, muchas cosas debemos ignorar para que no acabe siendo una lectura inclemente pero enriquecedora.

Pero también es un libro escrito a modo de terapia personal, y esa ausencia del lector en los pensamientos de la autora (comprensible e incluso virtud) nos exhorta a mantener cierta distancia, a respetar terreno ajeno. El libro es una partida de ajedrez de imprevisibles movimientos, y el lector disfruta de ese lance como público, pero jamás osaría en su ignorancia valorar o corregir el flujo de las fichas. No al menos si por fortuna no es también jugador de tan trágica contienda.

Cabe destacar también la resistencia a etiquetarse que muestra El Desconcierto. Nunca es fácil etiquetar un libro, y además, siempre es injusto; pero en esta ocasión me cuesta definirlo hasta en lo más básico.

El Desconcierto se lee como una novela trepidante, te invita a profundas reflexiones como la hace el buen ensayo y te inquieta como si de un diario del horror se tratase. Sí, suena a faja promocional, pero no por ello en esta ocasión deja de ser cierto.

Entonces, ¿qué nos encontraremos en el interior de este extraño libro? Literatura. O como bien nos indica la propia Huertas en la portada de chocolate: “La búsqueda de una coherencia. La reconstrucción de una armonía rota por el cáncer con la literatura como herramienta.”

La temática y el planteamiento pueden llegar a hacernos creer que estamos ante esas obras en las que el autor nos cuenta sus miserias más íntimas con un punto de morbosidad y sin apenas inquietudes literarias, como una forma fácil y directa de lograr la empatía y solidaridad del lector. Qué lejos se encuentra de todas esas trampas. Pero-qué-lejos.

Begoña Huertas no se regodea en su drama ni mucho menos intenta vendernos métodos de salvación. Ella es mucho más inteligente que todo eso. Es más, en el libro manifiesta su profunda disconformidad respecto a ese tipo de estupideces.

En otras palabras, es un sonoro golpe sobre la mesa que acalla los vergonzosos eslóganes “Mr Wonderful” que nos venden la enfermedad como una etapa trascendental de la que se sale fortalecido. Una justificada y necesaria reprimenda a los irresponsables que tratan el cáncer como una lucha en la que todos los enfermos son unos héroes que combaten hasta el final. Solo hay que leer dos de las muchas (y valientes) afirmaciones que Huertas comparte durante 200 páginas del libro: “a los cobardes también se les diagnostica cáncer” o “los enfermos seguimos adelante porque no tenemos otra opción”.

El Desconcierto nos hace conscientes del poder del lenguaje y de nuestro deber en medir bien las palabras que se usan. Una huida firme de los horribles tópicos sobre la enfermedad y una manifestación necesaria sobre la necesidad de adaptar nuestro discurso en torno al cáncer.

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Begoña Huertas en el programa Página Dos. (RTVE)

Es curioso como pese a que el desconcierto sea uno de los sentimientos que cimientan las páginas del libro, siendo también relevantes la incomodidad que acarrea y la complejidad de su gestión, éste sea el motor de una búsqueda muy analítica y racional sobre la enfermedad. Huertas se propone ordenar minuciosamente su vorágine emocional y retratar sin florituras el deterioro físico y emocional consecuente del cáncer.

La vida no es una lucha con la muerte. Son lo mismo. Sin una no existiría la otra. Por otro lado, todo enfermo quiere curarse, y para ello haces lo que esté en tu mano. Pero a veces es que no está en tu mano. Y en fin, tampoco hay valentía cuando no te queda otra opción.

Pero sin duda, si tuviese que destacar dos aspectos que me han hecho disfrutar muchísimo de la lectura, éstos serían el estudio que hace sobre la enfermedad en la literatura y sus reflexiones sobre la disociación entre el enfermo y su enfermedad.

Las indagaciones de Huertas sobre la enfermedad en la literatura son muy interesantes e inteligentes. Desde Proust (En busca del tiempo perdido) hasta Mann (La Montaña Mágica), pasando por Bernhard, Baudelaire, Mansfield, Freud o Highsmith; la autora analiza cómo la enfermedad física es una de las más notorias ausencias entre los grandes temas de la literatura. Página tras página nos damos cuenta como la enfermedad, cuando aparece, sólo es excusa para un malestar mucho más trascendental. Se retrata con gran agudeza cómo la literatura ha tendido a resaltar el padecimiento espiritual del enfermo, obviando su suplicio corporal.

Y las reflexiones que Huertas hace sobre el lugar que ocupa la enfermedad en la identidad del enfermo también son magníficas. Exquisitas cavilaciones sobre los conflictos y vaivenes emocionales de quien es vecino de la muerte.

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Cómo idólatra empedernido que soy, no voy a negar la satisfacción de ver cómo Huertas dedica un capítulo a dos músicos que tanto admiro: David Bowie y Leonard Cohen. Dos maestros que supieron despedirse retratando, cada uno a su manera, la vecindad con la muerte.

Los últimos trabajos de estos dos genios también me invitaron a lúgubres pensamientos, pero con El Desconcierto he profundizado más en esa oscuridad. No sólo he llegado más hondo sino que también he sorteado con agilidad lugares comunes.

Después de leer a Huertas es imposible escuchar ambos álbumes del mismo modo. A destacar el estupendo análisis que hace del videoclip Lazarus. A día de hoy disfruto con otros ojos de la obra póstuma del duque blanco. Con unos más perspicaces.

Las reflexiones incitadas por Blackstar y You Want It Darker fueron breves y excesivamente trágicas. El Desconcierto en cambio, azuza al lector y hace que sus pensamientos sean más inteligentes, repletos de matices y lo más alejados posibles del romanticismo de la enfermedad. Es un libro que rellena el vacío que denuncia.

Una lectura física y dolorosa, pero no por ello exenta de emociones e ingenio. Y todo gracias a que Begoña Huertas, además de ser una voz que nos habla desde la experiencia, también es una escritora de gran talento. El planteamiento narrativo es excelso y el estilo con el que lo dirige brillante. Un libro que posee gran fuerza no solo por lo que conduce sino también por cómo lo hace.

Al comienzo de la reseña rescataba una cita en la que Huertas destaca la dificultad de comunicarse entre enfermos y sanos. Espero que nunca llegue el día en que comprenda del todo esta obra. Y aun así, os lo pido por favor: leedla.

 

You want it darker
Hineni, hineni
I’m ready, my Lord

 

Editado por: :Rata_
Páginas:  205
Epílogos de: Natalia Carrero y Javier Azpeitia
Reseña escrita mientras escuchaba: You Want It Darker – Leonard Cohen.
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4 comentarios en “El Desconcierto – Begoña Huertas

  1. Madre mía ¡qué reseña y qué lectura! Pues eso, sin palabras.
    Cuando me hablaste de esta lectura, creo que ya comentamos que me parecía no sólo un libro imprescindible para empatizar, sino también para desligarse y apartar ese modo “Mr. Wonderful” que parece que lo inunda (contamina) todo, más aún, si tratamos un tema tan difícil como el cáncer.

    Me da muchísima rabia cuando por redes, medios y demás se ensalza ese modo de ver la enfermedad, ¿qué pasa? ¿quién no se comporta así, es que no es valiente, no “lucha” contra ella? Si encima vemos que apenas existen recursos para “luchar” contra este tipo de enfermedades, (ya si hablamos de raras ni te cuento), es aún más indignante; aún así, parecen estar obligados a poner buena cara, como si se quisiera tapar el resto (lo “negativo” no vende, por supuesto), como si la mayor parte de las personas se sintieran incómodas ante una persona que está enferma y a la que no le apetece poner buena cara. Tener una enfermedad, en este caso, cáncer, es una mierda y punto.

    Ojo, con esto no digo que no haya que tener un pensamiento o aptitud positiva, porque es cierto que ayuda, pero de ahí a que parezca que tener una enfermedad es lo mejor que te puede pasar, me parece un despropósito, sobre todo si no se destinan recursos públicos para paliarla o para facilitar todo ese proceso doloroso.
    Visiones de primera mano, como la de Begoña Huertas son muy necesarias, muestran una realidad que la mayoría prefiere ignorar, y ahí está la clave, no hay que ignorarlo, hay que hacerle frente, desde todos los prismas que implica tener una enfermedad, es la única manera que conozco de “luchar”.
    Gracias John, por traernos estas lecturas ^^
    Un besote.

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, es un libro que, curiosamente y como indico en la reseña, denuncia una ausencia en el mundo de la literatura y a la vez ocupa ese lugar. Su temática es muy difícil de gestionar y es fácil caer en las trampas existentes en esta especie de libros testimoniales… por eso me resulta fascinante ver como evita con maestría cada una de esas trampas.

      Tu reflexión sobre el tratamiento del cáncer en los medios de comunicación es tan triste como cierta, y Begoña Huertas va por los mismos derroteros al compartir su indignación y disconformidad con el discurso único (o si no es único, sí mayoritario) sobre el cáncer, los enfermos y la forma de afrontar dicha enfermedad.

      Es un libro que aporta mucho y me atrevería a decir que si todo el mundo lo leyese, sería un mundo mejor, al ser más sabio y sensible respecto al cáncer, tanto en pensamiento como en el consecuente discurso.

      Si a todo eso le sumamos la maestría con la que habla sobre la identidad del enfermo, la disociación de cuerpo, mente y alma y el análisis que hace de la enfermedad en el mundo de las artes, no puedo disimular mi entusiasmo por este trabajo.

      Gracias Eibi, por tan enriquecedoras visitas. Esa sonrisa cada vez que el blog me notifica que has llegado… y siempre superando mis ya altas expectativas de tu asistencia. ¡Muchas gracias!

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  2. Me gusta ese planteamiento, tan alejado de esa imagen que muchas veces se quiere dar del cáncer y los enfermos. Se es valiente porque no queda otra opción, no creo que nadie elija voluntariamente tener cáncer. Y qué debemos interpretar ¿que el que no lo supera es por no haber sido suficientemente valiente? O también: ¿hay que hacer sentirse culpable al enfermo que tenga un día de mierda y no se encuentre con fuerzas para tener buen ánimo? A mí el mundo Mr. Wonderful ya me empieza a cansar un poco mucho.
    El libro ya lo tenía en el punto de mira, como tantos otros editados por :Rata_. Qué bien que haya llegado a nuestras vidas.
    Yo también espero no llegar a comprender del todo esta obra.
    Saludos

    Le gusta a 1 persona

    1. Sí, es un trabajo muy bueno a la hora de retratar las necedades que se escuchan en los medios con el tema del cáncer. ‘El Desconcierto’ es una inteligente respuesta a esa visión estúpidamente optimista que nos vende el horror de sufrir un cáncer como una experiencia enriquecedora de la que el enfermo sale fortalecido.

      :Rata_ es una editorial maravillosa, de momento no me ha fallado nunca por lo que suelo estar muy atento a sus novedades.

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