Invierno – Christopher Nicholson

La novela que hoy reseño se encontraba entre los libros que más esperaba en el recientemente despedido 2017. Thomas Hardy se encuentra entre mis escritores favoritos, por lo que una novela que retratase de forma sutil, bella y delicada la triangular relación entre el autor de El regreso del nativo, su joven esposa y la mucho más joven actriz Gertrude; era una oferta que no podía rechazar.

Ariana Rosado, responsable de Adquisición de Derechos y Marqueting en Gatopardo Ediciones, tuvo el fantástico detalle de enviarme el libro para que lo disfrutase, a sabiendas de mi devoción por Hardy y la ilusión que me había despertado el anuncio de la publicación de Invierno. No existen suficientes palabras de agradecimiento para personas como ella, cuya dulzura y amabilidad nunca descansan. Aun así, aprovecho estas líneas para volver a mostrar mi gratitud, no sólo por el detalle, sino por el exquisito trato con el que siempre me corresponde.

Y hablando de correspondencia y haciendo un guiño a otra obra publicada por Gatopardo, en Invierno se nos habla, entre otras cosas, de un amor no correspondido: el de un octogenario Thomas Hardy por una bella y jovencísima actriz amateur llamada Gertrude; siendo su esposa Florence la nota discordante de esta melodía.

Gertrude Bugler es para el maestro inglés la verdadera encarnación de su querida Tess (protagonista de la maravillosa novela Tess de los d’Urberville), lo que la convierte en una reliquia merecedora de una obsesiva adoración por parte del escritor; sentimiento que perturbará la aparente paz que residía hasta entonces en casa de los Hardy.

En contraste a los sentimientos de Thomas Hardy, Florence quien en consecuencia se siente vieja, fea y estéril; no soporta que una bella, aniñada y fértil actriz logre que el distante y huraño octogenario mute en el señor más amable de toda Inglaterra. Y mucha menos gracia le hace que sea Gertrude la musa y fuente de inspiración de los últimos poemas de su marido.

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Thomas Hardy y su esposa Florence.

El mayor acierto de Nicholson reside en dedicar gran parte de la obra a los sentimientos de Florence, para quien la aparición en escena de la joven Gertrude Bugler fue la gota que colmó el vaso de su desdicha. Los celos, enfados, angustias y penas de esta situación se contrapondrán ante la comedida y sosegada postura que mantiene Hardy, un cuchillo de hielo que atraviesa lentamente la sensible piel de su esposa.

Así, Nicholson, escritor cuyo talento me ha sorprendido muy gratamente, evita lugares comunes y retrata la relación de Hardy y Florence con maestría, respeto y sutileza. Si bien Thomas Hardy es la figura que invita a todo lector a adentrarse en las maravillosas páginas de Invierno, la figura más relevante de la novela acaba siendo su esposa. Y eso se debe a que Nicholson le concede capítulos enteros y una voz narrativa, dándole el protagonismo que la vida junto al acaparador Hardy le imposibilitó.

En la novela, Thomas Hardy es un anciano que reniega del presente y se ancla en el pasado, un esfuerzo ineficaz para olvidar su vecindad con la muerte. Nicholson traza a un hombre culto y moderado pero que es capaz de sacar de quicio a su esposa debido a su arcaica cabezonería. Hardy se niega a los cambios, no quiere instalar teléfonos en casa y tampoco comprar un automóvil. Vive en sus recuerdos, un hecho trágico para quien vive su realidad.

Además tiene la costumbre de  acordarse mucho de su primera esposa, la cual se intuye que en su día no trató muy bien. “La obstinación está arraigada en su propia naturaleza. Le ciega al sentido común. Lo hace sordo a toda persuasión” – nos dice su desesperada esposa. Y es que Thomas Hardy comenzó su romance con Florence cuando ésta trabajaba en casa del célebre autor y su primera esposa.

Florence, al igual que su esposo, también vive en un lugar que no existe, ya que su situación sentimental la sitúa en tierra de nadie, entre la espada cada vez más afilada del nuevo capricho amoroso de su marido y la pared inquebrantable que resulta ser el recuerdo de la primera esposa.

Para colmo, Hardy es ajeno a todo el sufrimiento que provoca al refugiarse constantemente en sus recuerdos. El lector se preguntará desde las primeras páginas cómo uno de los escritores que mejor comprendió el alma humana esté tan cegado ante el sufrimiento de su esposa.

Además, pese a que se nos presenta a Hardy como un hombre mesurado, Nicholson perspicazmente esboza escenas de carácter cotidiano para que el lector se de cuenta lo exasperante que puede llegar a ser convivir con él.

El octogenario es un hombre de rutinas invariables en las que su escritorio copa todo su tiempo, mientras Florence dedica el suyo a mantener la correspondencia de su marido y otras tareas de secretaria que le impiden hacer otras cosas que desea profundamente, como escribir cuentos.

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Christopher Nicholson

Y es que si bien el biógrafo de Hardy, Martin Seymour-Smith, dedicó no pocas páginas en retratar a Florence como a una histérica mentirosa e insoportable, Nicholson es mucho más benévolo con ella y sospecho que también más cercano a la realidad de la relación.

La Florence de Nicholson también es un personaje cuyo gran parte de su discurso se centra en la queja y el lamento, pero éste es mucho más comprensible a ojos del lector, quien conoce su día a día con un hombre muy admirado en su tierra, pero también una figura que ejerce una constante y mezquina tiranía.

A destacar también el excelso talento de Nicholson para que conflictos cotidianos reflejen con una exactitud cirujana la personalidad de los personajes y sus relaciones. Prestad atención a la postura y discurso de Florence y Thomas Hardy ante unos árboles que crecen y crecen alrededor de su hogar. Las obsesiones de una, el irritante estoicismo de otro… ese choque sentimental entre alguien que necesita cambios y otro que los repudia.

O que todo eso no sea más que una metáfora de sus personas, Hardy como ese viejo árbol que no para de crecer ensombreciendo todo lo que le rodea y Florence esa casa no vieja pero si envejecida, a la sombra de un árbol que todo lo abarca y frena cualquier atisbo de luz y vida. Un maravilloso ejercicio de narrar entre líneas.

Tengo claro que Christopher Nicholson es un autor al que le voy a seguir la pista muy de cerca, más sabiendo que Gatopardo planea publicar próximamente sus trabajos The Elephant Keeper (2009) y Among The Summer Snows (2017). Que Invierno sea una lectura tan placentera se debe en gran parte al delicado, inteligente y cuidadoso tratamiento que realiza el londinense sobre los sentimientos de Hardy, Gertrude y Florence.

Así, estamos ante una novela que podría definirse como gatopardiana, es decir, fina, elegante y donde los giros argumentales o la acción trepidante se apartan para dejar paso a unos personajes esculpidos al detalle y las emociones se convierten en el núcleo narrativo. Todo siempre acompañado de ese fidedigno y distinguido retrato de la época que ya podemos definir como marca de la casa (o de la editorial).

También me gustaría remarcar la inherente elegancia y sutileza de la pluma de Nicholson. No hay impostura o pretensión alguna en su estilo, la narración fluye con una naturalidad tal, que solo a los pocos minutos de aparcar la lectura uno concluye que está ante un libro asombroso.

La prosa de Nicholson se construye al compás de un tono melancólico pero no lastimero que casa perfectamente con los sentimientos de los afligidos protagonistas y vinculando de forma constante paisaje y emociones, conexión muy habitual del denominado nature-writing que tanto suelo disfrutar.

Si bien la mayoría de las páginas de Invierno están impregnadas por celos, miedos, frío, arrepentimiento, silencios que duelen y estallidos de rabia desamparados en la soledad; el lector cierra la última página con la sensación de haber presenciado una celebración de la vida, una sensible y resplandeciente reflexión sobre el amor, la esperanza y el deseo.

 

Editado por: Gatopardo Ediciones
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Páginas:  298
Reseña escrita mientras escuchaba: Susanne Sundfør – Music For People In Trouble

 

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9 comentarios en “Invierno – Christopher Nicholson

  1. Me ha gustado mucho tu reseña, sobre todo por la delicadeza con la que sabes contarnos lo interesante que es Invierno y a la vez, contenerte lo suficiente como para no “destriparnos” mucho sobre la novela. No he leído nada de Hardy, si bien he visto la serie Tess d’Uberville. Sin duda le haré un hueco en el 2018 a esta lectura y a algo de Hardy. Gracias,

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    1. Muchas gracias por tus amables palabras. Mi eterna lucha a la hora de reseñar es la de querer profundizar en algunos aspectos de la obra pero reservarme otros para incitar su lectura, por lo que tu comentario me ha alegrado el día.

      Qué envidia me das cuando dices tener todo Hardy por leer. Además de a sus novelas, échale un vistazo también a sus cuentos; para mí fue un cuentista excelente y muchos lo pasan por alto al quedarse con sus novelas de renombre.

      Y desde luego, poco tengo que añadir sobre la lectura de ‘Invierno’, el acompañamiento ideal para tu inmersión literaria con Hardy.

      ¡Muchas gracias por la visita!

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  2. Primera entrada del año y ya empiezas a lo grande, ¿eh? Miedo me da seguir leyendo tus próximos post (guiño,guiño-codo,codo)
    Como he ido siguiendo tus comentarios sobre Invierno, ya lo tenía apuntado en mi lista, más cuando Thomas Hardy sigue siendo mi eternísimo pendiente y que lo tengo como lectura obligada este año. Así que me guardo Invierno para después de estrenarme con Hardy (Lejos del mundanal ruido será mi primera toma de contacto con él).
    En cuanto a tu reseña, como siempre, impecable. Sutil, elegante y muy cálida a pesar de la historia que nos cuentas. Me gusta que le de voz a Florence (las mujeres que tienen como pareja a escritores, acaban siempre relegadas a un segundo plano, cuando gran parte del trabajo del compañero, se debe a ellas: mecanógrafas, secretarias, correctoras…y un largo etcétera), Por eso confieso que he bajado del pedestal a Thomas Hardy, después de leerte. Siempre escuché que este autor es muy crítico, reivindicativo en sus obras y sus personajes femeninos están cargados de fuerza, y lo había colocado ahí como una rara avis. No sé si decir que me sorprende, lo que cuenta Invierno, pero bueno en cualquier caso, creo que es una buena forma de conocer y acercarse más al autor. Te iré comentando en cuanto empiece con él.
    Es una maravilla visitar este rincón, siempre suma ^_^
    ¡Un besote!

    Pd: ¡La foto de portada, fan!

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    1. ¡Costó pero llegó! De esta novela habré escrito unas cuatro reseñas diferentes, pero he sudado horrores hasta completar una que me convenciese del todo.

      Y sí, puede que en las próximas entradas haya alguna sorpresa que para algunos no lo sea tanto (guiño, guiño, guiño – codo, codo, codo). Jajaja.

      Me dais una envidia tremenda los que tenéis a Thomas Hardy por descubrir, sé que me repito pero además de sus novelas, tened en cuenta también sus cuentos, para mí son fabulosos.

      En cuanto al pedestal de Hardy… no sé qué decir, a mí siempre me ha parecido peligroso tener a la gente ahí, cuando nuestra vida es una línea dibujada en luces y sombras. No sé hasta qué punto fue la vida de los Hardy tal y como se narra en ‘Invierno’, pero desde luego estoy seguro de que el Thomas Hardy que se nos muestra aquí se acerca más a la realidad que la idílica imagen que podamos tener sus más fervientes lectores. En cualquier caso, también creo que sería injusto reducir su imagen a los últimos años que se nos narran en una novela. Ni la imagen construida a través de la genialidad de su obra literaria, ni las sombras de su último amorío pueden hacer justicia a toda una vida.

      Y sí, sea como fuere, sus novelas son muy reivindicativas y sus personajes femeninos son fabulosos. En “El Alcalde de Casterbridge” por poner un solo ejemplo, son los personajes femeninos quienes dejan entrever un poco de luz en la tragedia.

      Por desgracia y como bien apuntas, Florence no fue ni será la única mujer ensombrecida por su marido, casos como el de ella hay un montón solamente ciñéndonos al ámbito literario…

      Un placer tu visita Eibi, como siempre. Estoy por poner una alfombra roja con tu nombre, qué alegría me entra cada vez que veo que te pasas por aquí.

      ¡Besos!

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  3. John, me has rematado. Primero me picas con lo que vas comentando de la novela, y ahora te leo y ya estoy apartando los dineros para la próxima visita librera que me toque XDD. ¡Muy bien y muy mal, amigo!

    El equipo Gatopardo nos está dando muchas alegrías, me encanta todo lo que he leído de su catálogo. El tema ya me llamaba sin más, pero por como hablas de Florence y la última parte donde hablas de la naturaleza y la sensibilidad de la historia hace que el libro tenga mi nombre. ¡Fantástica reseña! Me tocará tanto como a ti o menos, pero seguro que merece la pena.

    ¡Un beso!

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    1. Ay Cris, no sé si darte las gracias por el comentario o pedirte perdón por los gastos provocados, jaja. Haré las dos cosas, aunque creo que el desembolso te parecerá dinero muy bien invertido. 😉

      Y sí, ya no es sólo que todo lo que he leído de Gatopardo haya cumplido mis altas expectativas, sino que sigo encontrando obras que quiero leer en su catálogo (¡y lo que viene!).

      Muchas gracias por tus amables palabras, si un día te animas con ‘Invierno’ leeré gustosamente tu opinión.

      ¡Besos!

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    1. Hola Alberto,

      Exactamente, me gusta hablar sobre lo que me gusta. Muy de vez en cuando puedo compartir decepciones por otras vías (RRSS) pero sin dedicarle tanto tiempo.

      Quiero convertir Bienvenida-Narrativa en un rincón en el que comparto lecturas que recomiendo. Personalmente no me gusta dedicar mis esfuerzos en obras que por x motivos no me han llegado.

      Como siempre, un placer recibirte por aquí.

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      1. Comparto totalmente tu visión. El espacio que dedico en mi blog a la literatura es siempre sobre libros que me han gustado. Cuando me dejan frío, ni siquiera fluyen las ideas.
        Eso sí, a veces me entran ganas de hablar sobre lo muchísimo que detesto “Fiesta”, que encima sale en las listas de lo mejor de la historia…
        Un placer leerte siempre.
        Alberto Mrteh

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