Detalles que cautivan: las mujeres de Junichirō Tanizaki.

“La belleza pierde su existencia si se le suprimen los efectos de la sombra.”

Junichirō Tanizaki (Chūō, Tokio, 24 de julio de 1886 – Yugawara, Prefectura de Kanagawa, 30 de julio de 1965) es una de las figuras más relevantes de la literatura japonesa del siglo XX.

A pesar de haber nacido en una familia acomodada, ésta sufrió un declive económico que tuvo como consecuencia una vida marcada por varias humillaciones, sentimiento que posteriormente obtendría una presencia notoria en su literatura.

Pero hoy me voy a centrar en otro aspecto, el cual también podría definirse como otro de los pilares de sus obras: las mujeres.  Y es que sus personajes femeninos son el eje centrar en muchas de sus obras, sean o no las -presuntas- protagonistas.

Si repasamos la trayectoria de Tanizaki, podremos observar que fue un escritor transgresor en muchos sentidos, creando una literatura donde el erotismo, la violencia y la sensualidad impregnan muchas de sus más celebradas páginas. Todo ello siempre empapado por perversión, crueldad y el sadismo tan característico de su pluma.

Mi relación con el comenzó con La vida enmascarada del Señor de Musashi (Satori), un relato sobre un joven príncipe que descubre su sexualidad a través de una imagen algo perturbadora; la de una bella mujer de rodillas acicalando la cabellera de una cabeza decapitada. Pese a la potente premisa, lejos de ser una obra en la que resalta lo grotesco, lo que destaca en esta obra es Kykyo, un personaje totalmente tridimensional en los cuales adjetivos aparentemente contradictorios son necesarios para poder hacer una definición precisa de su compleja personalidad; ya que Tanizaki nos presenta a  una mujer en cuyos sentimientos caben la crueldad, la venganza pero también la piedad o la inocencia.

En esta obra Kykyo confabula con el protagonista para vengarse de su marido, maquinando un resarcimiento cruel, pero después de ser realizado se despierta en ella un arrepentimiento tal, que dedica su vida a compensar la fechoría.

En esta fascinante historia, el propio protagonista es un personaje más plano que Kykyo, pero no por demérito del autor, sino por su fascinación por las mujeres y la compleja construcción que hace de ellas.

Creo que lo bello no es una sustancia en sí sino tan sólo un dibujo de sombras, un juego de claroscuros producido por yuxtaposición de diferentes sustancias.

Todo esto se evidencia aun más una vez leída La historia de un ciego, también de Satori. En esta novela, Tanizaki utiliza la figura de Yaichi como hilo conductor de la narración para sacar a la luz el siempre ignorado universo femenino.

Yaichi, músico y masajista ciego, es el sirviente más solícito de la dama Okichi, la esposa de un gran señor del Japón medieval. Así, en esta ocasión se sirve de un “falso” protagonista para narrar en clave histórica las luces y las sombras de la vida de Okichi y sus tres hijas, luchando contra ese violento silencio que siempre se cierne sobre las mujeres… ignorándolas, despreciándolas.

Deja a un lado la humildad. Sabes muy bien cuánto vale tu belleza. Encuentro misterio en cada una de las partes de tu cuerpo. Veo brotar desde el fondo de tus pupilas una fuente inagotable de ternura y sensualidad. En la comisura de tus labios florece la mala hierba que seduce a los hombres como si se tratara de una flor carnívora. Lo que toques con tus manos o con tus pies se ilumina de júbilo, así como se va purificando el suelo al paso de los dioses.

Pero es en Sobre Shunkin (Satori), su obra maestra, donde Tanizaki ofrece su personaje femenino más remarcable. En esta novela el japonés explora el lado perverso del amor, narrando la relación entre una femme fatale y su correspondiente hombre servicial, devoto y entregado hasta el ridículo.

Shunkin, ciega desde los ocho años, es tan bella como cruel, tan talentosa como superficial, tirana con todos, atractiva para cualquiera. Pero debido a su actitud, Shunkin sólo logra mantener a su lado a Sasuke, y ni con él parece dispuesta a mostrar un mínimo de aprecio.

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Sasame-yuki (Las Hermanas Makioka). Kon Ichikawa. Toho Eizo Co. (1983)

En esta obra, Tanizaki vuelve a dotar a la figura femenina, en esta ocasión indiscutible protagonista de la obra, una profundidad mayúscula, donde los sentimientos contrapuestos, la dominación, el abuso, la entrega irracional y la humillación reinan en una relación tóxica y oscura. Es como Shunkin buscase los antónimos de los sentimientos que Sasuke le entrega.

La fascinación por la belleza destructora, la caprichosa crueldad de la mujer amada.

Gracias a la maestría de Tanizaki, en esta obra vemos como la oscuridad visual de Shunkin rompe sus cadenas físicas para engullir también el vínculo entre ella y Sasuke, ensombreciéndolo todo a su paso.

Y así podría extenderme ad eternum, presentándoos a las mujeres que nacen de la pluma de Tanizaki:  por ejemplo a la Naomi de la novela homónima (Siruela), cuya transformación de inocente quinceañera a femme fatale con kimono inquieta a cualquier lector; o la geisha de Tatuaje (Rey Lear) que poco a poco irá desvelando capas y capas de perversa sensualidad.

Es innegable que las mujeres de Tanizaki tienden a repetir algunos patrones como la abusiva dominación hacia los patéticamente serviciales hombres que las rodean o una sensualidad fetichista; pero nunca podremos decir que son adornos, títeres, complementos, recursos narrativos para exaltación del hombre, meros decorados.

Es una lástima que tenga pendiente la lectura de Las hermanas Makioka, porque estoy seguro de que me ofrecería material jugoso para enriquecer esta entrada. En cualquier caso, he leído lo suficiente como para asegurar que el universo femenino que completan sus obras está lejos de la simplicidad. 

Y es que las mujeres de Junichirō Tanizaki son como gran parte de la literatura japonesa: un mar en aparente calma, de cándida belleza; pero que esconden peligros inimaginables a primera instancia.

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Irezumi (Tatouage). Yasuzo Masumura,.Daiei Motion Picture Company. (1966)

Algunos dirán que la falaz belleza creada por la penumbra no es la belleza auténtica. No obstante, como decía anteriormente, nosotros los orientales creamos belleza haciendo nacer sombras en lugares que en sí mismos son insignificantes.

 

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2 comentarios en “Detalles que cautivan: las mujeres de Junichirō Tanizaki.

  1. John, cada vez tengo más claro que voy a tener que documentarme muy mucho antes de comentar tus reseñas, porque me dejas sin saber qué decir, salvo “¡Ostras!qué reseña! (bueno en realidad no es ostras la palabra que suelo usar, jejjejejej *inserte palabra malsonante*)

    No he leído nada de Tanizaki, y de hecho ahora que mencionas Las Hermanas Makioka, es otra lectura que tengo pendiente (si te apetece LC ya sabes… ) pero por lo general, suelo ser reticente al elemento “femme fatale”, no me malinterpretes, no deja de ser una construcción social y normalmente tiene tantísimas connotaciones negativas hacia nosotras (un hombre hace lo mismo y no es el “Homme fatale”, no sé si me entiendes por dónde voy) y un recurso a veces tan manido… me ocurre lo mismo con la novela negra, que aunque es uno de mis géneros favoritos,hay veces que me chirrian un montón ciertas cosas.

    Con esto no estoy diciendo que los personajes femeninos de Tanizaki sean así, me refiero más al concepto en sí… De hecho me gusta esa psicología de la que hablas, los contrapuntos o ver esas dos caras en una misma persona (en este caso sus personajes femeninos)… En cualquier caso, y como siempre, me animas cada vez más a organizar una etapa temática sobre literatura japonesa, es increible la cantidad de lecturas tan apasionantes que nos traes últimamente. xDD (por tu culpa mi lista no para de crecer )
    ¡Un besote John!^^

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    1. Entiendo perfectamente tu punto de vista, Eibi. He utilizado el término “femme fatale” porque es un estereotipo muy reconocible por todos y creo que puede servir para hacerse una idea sobre el tipo de “relaciones de poder” que suele incluir Tanizaki entre el hombre y la mujer. A mí no es una figura que me desagrade, siempre y cuando se trate con el talento suficiente; pero entiendo lo que quieres decir a lo que las connotaciones negativas respecta.

      La parte mala es que es un término muy occidental y por lo tanto cojea a la hora de retratar con fidelidad los personajes femeninos de un escritor tan oriental (en estilo) como Tanizaki. De ahí que me inventase el término (un tanto absurdo, pero bueno) “femme fatale con kimono”, jajaja.

      Me ocurría algo parecido con Genji y la manía de muchos lectores de tildarlo como un Don Juan, que de manera superficial puede servir para hacerte una idea de sus aventuras amorosas, pero que en el fondo se distancia mucho de lo que para nosotros es un Don Juan.

      Aunque supongo que es ttro término que aborrecerás (con razón) ya que una mujer con ese tipo de vida amorosa está lejos de ser tildada como Doña Juana sino como algo mucho peor… en fin. Nos entendemos. 😉

      En cualquier caso, como digo en la entrada, no es un patrón que se repita en todas sus obras. Por ejemplo, la evolución de Kykyo en “La vida enmascarada del Señor de Musashi” ensombrece cualquier personaje masculino de la misma obra. Esa evolución de hambre de venganza a compasión absoluta es fabulosa.

      En las novelas en las que la mujer se representa como “la parte poderosa de la relación tóxica” es más para reflexionar sobre los claroscuros de los sentimientos (un tema que fascina al escritor), que para estereotipar a la mujer. Al menos así lo creo yo.

      Como siempre, no sabes lo que te agradezco que te pases por aquí a comentar Eibi. No hay mejor antídoto para mi autoestima bloguera que tus cálidas palabras, jaja. De verdad, a mí también me dejas sin palabras de agradecimiento cada vez que pasas por aquí. Siempre creo que me quedo corto.

      Y por supuesto, si algún día te animas con un proyecto temático de literatura japonesa o con Las Hermanas Makioka, ya sabes dónde encontrarme.

      ¡Un besazo!

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