Zebulon – Rudolph Wurlitzer

Las cosas no son lo que parecen, ni tampoco son de otra forma. – Lankavatara Sutra.

Si bien el western es uno de mis géneros predilectos en el ámbito cinematográfico, es uno de mis vacíos a rellenar respecto a la literatura. No he leído mucho western. Y de los pocos que he leído, aún son menos si descartamos aquellos que los definimos más por ambientación que por temática, como podría ser el caso de mi queridísimo El hombre que se enamoró de la luna; que casualmente además de ambientación también comparte esencia onírica con Zebulon.

Teniendo en cuenta entonces mi amor por el cine de vaqueros, mi ignorancia del género en la literatura, y por qué no reconocerlo, la belleza de la portada; que Zebulon iba a acabar en mi estantería ni cotizaba.

Si a todo eso le sumamos que no parecía una historia de vaqueros al uso, poco lugar hubo para las dudas. En la librería, una vez estuvo en mis manos, no volvió a su lugar de origen. Por muchos que paseos que diese no hubo libro que lograse esa sustitución final que se da en los desesperados últimos momentos que tan bien conocemos los amantes de los libros.

Razón de ello es que los adjetivos que definían la obra no eran los que uno espera de un western al uso: cautivadora, hipnótica, mística, subversiva… sin dejar de lado los adjetivos obvios del género: trepidante, salvaje, violenta.

Y resultó que no era marketing, que decían la verdad. Que tiene de lo uno y de lo otro. Que es una obra que huele, sabe y se siente western; pero que también transgrede los tópicos del género.

Ya convencido, llegó la información que hizo no obvia la adquisición de la obra, sino su inmediata lectura: descubrí quien es Rudolph Wurlitzer.

Es por ello que a pesar de que no suele ser habitual en mis reseñas hablar sobre el autor, hoy le dedicaré unas pocas palabras.

A pesar de que hoy vamos a hablar de Zebulon, y por lo tanto del Rudolph Wurlitzer novelista, he de destacar que su faceta más aplaudida es la de guionista. Exactamente Wurlitzer es reconocido sobre todo por ser una de las figuras más talentosas de la contracultura de los años 70.

Además de novelas, escribió guiones para directores de la talla de Peckinpah, Antonioni, Bertolucci y Hellman (¡uau!), destacando las obras de culto Pat Garrett and Billy The KidTwo-Lane Blacktop.

A esto le podríamos añadir la leyenda de que el Dead Man de Jarmusch es una obra fuertemente inspirada (siendo políticamente correctos) por un guion perdido de Wurlitzer, que más tarde serviría como origen de la obra Zebulon. Leyenda de una veracidad pasmosa si uno ha visto la película y leído la obra.

Y el autor me obliga a hablar de mis tres pasiones. De momento hemos hablado de cine y literatura, por lo que démosle paso a la música.

Algunos quizás continúen con el ceño fruncido porque el apellido Wurlitzer les quiere sonar pero nada de lo listado hasta ahora se les hace familiar. Bien, pues eso puede ser por el hecho de que el autor es descendiente de una familia de gran tradición en la fabricación de instrumentos.

Por último, destacar su interés por la filosofía oriental. Rudy dedicó parte de su vida a estudiar budismo y también vivió una temporada en Nepal.

Estos pequeños detalles me los ahorraría si no fueran datos que revelan parte del alma de Zebulon, ya que como he dicho en párrafos anteriores es un western un tanto atípico, y mi sensación es que gran parte de ello se debe a la biografía de Rudy, donde la tradición musical de su familia (la novela está repleta de canciones) o su fascinación por la filosofía oriental se reflejan, o al menos se intuyen, en estas páginas.

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Pero vamos a lo importante: Zebulon.

Como sabéis los que me leéis asiduamente, no me gusta hablar demasiado sobre la historia de las obras (para eso está la contraportada y su correspondiente sinopsis). Pero vamos a contextualizar un poco:

Zebulon arranca con una escena fantástica que sirve muy bien como carta de presentación de estilo y tono.

Zebulon Shook descansa en su cabaña cuando llega otro trampero llamado Lobo Hill y su puta mestiza llamada ‘Ni Aquí Ni Allí’ con la intención de lograr el consentimiento de Zebulon para descansar en su cabaña. Y lo logran. Al día siguiente Lobo Hill desaparece y en consecuencia del insoportable frío de las montañas ‘Ni Aquí Ni Allí’ y Zebulon se dedican a calentarse el uno al otro.

En uno de estos “polvos de supervivencia” llega Lobo Hill y al ver el panorama decide alzar el hacha y clavársela en la cabeza al bueno de Zebulon, pero éste, rápido y hábil, esquiva el golpe que desgraciadamente acaba en el vientre de la mestiza. A los pocos segundos, Zebulon saca el revólver y agujerea la cabeza de Lobo Hill, por si las moscas.

La mestiza sale tambaleándose de la cabaña con las manos en el estómago intentando evitar lo inevitable y al llegar al borde del río, mira furiosa a Zebulon y lo acusa de matar al único hombre que la cuidaba. Y acto seguido le grita:

“¡De ahora en adelante vagarás sin rumbo, como un ciego entre los mundos, sin saber si estás vivo o muerto, o si el mundo que no ves existe, o si todo es un sueño. Tres veces desaparecerás para ti mismo y para todo lo que conoces, y tres veces…!

El final de la maldición es un misterio ya que Zebulon no pudo oír más allá del grito sordo de la mestiza mientras que su figura se hundía en el hielo. A partir de ese suceso se nos narrará la fascinante travesía de Zebulon hacia ningún lugar.

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Si me obligasen a resumir la obra en dos palabras éstas serían ‘viaje’ y ‘frontera’, ambas en su sentido más amplio.

‘Viaje’, porque Zebulon se siente en parte como una road movie (a pesar de ni haber asfalto ni ser una película, jaja) por el oeste americano donde un cazador de pieles procedente de las montañas atraviesa los EEUU remontando desde la costa californiana hasta las minas de oro de San Francisco. Una travesía no exenta de inoportunos desvíos, cuya meta parece ser una prostituta abisinia llamada Delilah, inolvidable personaje rodeado de un aura de misterio que involucrará al lector en su búsqueda. Delilah es, y no las minas de oro, el verdadero destino del viaje; si de verdad existe alguno.

Delilah es el pretexto del eterno movimiento hacia ninguna parte del protagonista.

‘Viaje’, porque Zebulon también se puede entender como un trayecto personal e interior que se queda a medio camino. La historia de un hombre cuyas desventuras le obligan a cuestionarse hasta lo más obvio: ¿estoy despierto? ¿estoy vivo?

He ahí la razón de que la otra palabra clave sea ‘frontera’. Porque sí, geográficamente Zebulon es una novela situada en la frontera americana, pero creo que hay dos fronteras vitales con mucha más presencia si leemos la obra entre líneas: la frontera que separa por un lado el sueño y la realidad, y por otro, la vida y la muerte. Zebulon duda eternamente a que lado de esas fronteras transcurre su historia…

… ¿o su leyenda? Porque también podríamos hablar de la frontera entre historia y mito. Hay una escena en la que el propio Zebulon se inventa su pasado y añade crímenes falsos a su historial, los cuales posteriormente le pesarán demasiado cuando por ellos se convierta en uno de los forajidos más buscados del oeste.

¿La leyenda va más allá de las crónicas de seres excepcionales y necesitan la complicidad del receptor? Un receptor dispuesto a pasar por alto la veracidad si gracias a ello va a recibir una historia que despierte su corazón. La frontera entre realidad y ficción en términos narrativos también tiene su cabida en esta fantástica novela.

Es por todo ello que el término ‘frontera’ también tiene una importancia considerable en Zebulon, ya que es un concepto tratado desde mil perspectivas.

Zebulon Shook es un hombre de acción, pero sus aventuras nos invitarán a cuestiones como éstas continuamente.

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Otro de los atractivos de la novela reside en sus personajes, variopintos y únicos. Durante este viaje a ningún lugar, Zebulon Shook se cruza con brujos indios, putas mestizas, chamanes mexicanos, chinos opiómanos… pero sin duda, son Delilah y Hatchet Jack los personajes que sobresalen en el relato. No hay mejor carta de presentación que leer la novela, pero una introducción breve no os hará daño.

Delilah, la puta abisinia, es una esclava que paradójicamente se ha hecho a si misma. Nuestro interés inicial por ella se reducirá a que es la figura que mantiene a Zebulon en constante movimiento, pero poco a poco iremos descubriendo a una mujer repleta de matices, que habla mil idiomas, conoce la brujería y canta como los ángeles.

Hatchet Jack, su hermanastro, es un antihéroe que intentó matar a Zebulon de niño, pero que también lo rescata en varias ocasiones en el transcurso de la novela. Un canalla que entra y sale del escenario del tal forma que la novela en ocasiones parece más una obra de teatro.

Me gustaría destacar también que he intuido una crítica entre líneas a la excesiva ambición de la naturaleza humana, al mostrar la fiebre del oro como uno de los indicios del capitalismo salvaje de estos días, el cual nos invita a destruir todo lo que obstaculice nuestro ascenso hacia la riqueza material.

En la novela, la aparición de oro no es algo positivo, sino un evento que saca a la luz la desmedida y destructiva avaricia de varios personajes.

Y relacionado con esto, en Zebulon también se muestra el inicio de la desconexión del hombre blanco con la naturaleza y la fe, siendo el dolar y la fama su nuevo Dios.

En definitiva, Zebulon es un western especial, es innegable. Una obra donde la dualidad tiene una presencia trascendental que se presenta de la misma portada; donde la silueta del vaquero se refleja en un lago y hace que coger el libro del revés sea un error habitual.

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Así, la novela también se divide en dos capas. La más superficial sería la del western trepidante y repleto de aventuras que logra un ritmo cinematográfico apabullante fruto de la experiencia de Wurlitzer como guionista de películas. Un libro que se ve, se huele, se toca… se siente.

Pero por otro lado está ese trasfondo onírico, poético y filosófico en ocasiones, donde la psicodelia y el misticismo se adueñan de varias páginas en las que nos sentiremos aún más desorientados que el propio Zebulon Shook, preguntándonos si lo que leemos es sueño o no… o si Zebulon y sus compañeros están vivos o estamos ante un peculiar cuento de fantasmas. 

Y toda esta dualidad con abstractas fronteras de por medio (sueño-realidad / vida-muerte / crónica-leyenda) podría haber sido un batiburrillo de ideas sin sentido si no fuese por el excelente trabajo de la traductora Irene Oliva Luque. Al leer Zebulon uno es consciente de que traducir semejante obra es una labor ardua, por lo que solo tengo palabras de agradecimiento hacia ella. Quien sabe si en otras manos Zebulon me hubiese dejado sensaciones tan positivas. 

Si os apetece pólvora, barro, whisky y sangre; leed Zebulon. Si en cambio estáis en esos días en los que os apetece algo diferente, una novela subversiva y onírica que explore conceptos como la civilización, el amor o la libertad; leed Zebulon.

Leed Zebulon. 

Editado por: Tropo Editores
Traducido por: Irene Oliva Luque
Páginas:  320

 

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6 comentarios en “Zebulon – Rudolph Wurlitzer

  1. ¡LO QUIERO! Yo tampoco he leído mucho western (quitando algún cómic) pero es que este tiene una pintaza que es imposible no anotarlo. Y si la peli de Dead Man está “inspirada” (xD) en algo que sirvió después para esta novela, vamos… ya me convences del todo. Creo que varios “leed Zebulon” también influyen :p jajaja

    Un abrazo!!

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    1. ¿Me ha faltado discreción en ese mensaje subliminal, verdad? Jajaja.

      Es un gran western, sí. Sin dejar de lado las características del género, transgrede y además de satisfacer al público clásico, lo sorprende con un tono onírico que le sienta de lujo.

      ¡Un besazo, Naialma! ¡Ya me contarás si cae!

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  2. Cómo me identifico con esa sensación de tener un libro en las manos y dar vueltas y vueltas hasta que finalmente no puedes soltarlo… por eso siempre digo que es el libro quien escoge al lector y no al revés xD
    En cuanto a Zebulon, bueno ya te comentaba antes que por mi padre soy fan del género, desde bien pequeña lo recuerdo viendo la típica “vaquerada” y hablando sobre los personajes y las historias…aún hoy sigo enganchándome con él a verlas …
    Como a tí, en literatura del género estoy bastante pez, aunque en pendientes tengo El árbol del ahorcado de Dorothy M. Johnson, que justamente se lo leyó mi padre y le encantó, como además vio las películas estaba como un niño pequeño (ya sabes de quién heredé el entusiasmo jajaja)
    Así que con nuestro querido Zebulon me has solucionado su regalo de cumpleaños jejeje… tiene una pintaza tremenda, y encima me dices que está lleno de referencias musicales! novela completa, con todos esos ingredientes que me gustan!
    He visto que este mismo autor tiene otro libro, “NOG” un poco en la línea de este por lo que pude ver…
    Siempre es un placer pasar por aquí John!! Me ha encantado la reseña, y si no fuera por tus impresiones, y a pesar del título tan llamativo, hubiera pasado desapercibida completamente, así que, Gracias por descubrirnos lecturas diferentes!
    Un besazo! ^^

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    1. Es el libro quien escoge al lector, y también es el libro quien recomienda personas. ¿No te ha pasado nunca ver a alguien leyendo X libro y pensar: “seguro que podría tener una conversación cojonuda con él o ella”? Jajaja.

      Mi afición por el cine de vaqueros y el cine negro también es hereditario, cosa que siempre agradeceré porque de ahí también vino el saber mirar atrás en el cine, y no quedarme sólo con lo de alrededor. Qué de joyas me hubiese perdido…

      Pues si a tu padre le gustó “El árbol del ahorcado” me lo apunto porque tras Zebulon he estado investigando un poco y la verdad que Valdemar tiene una colección de western (frontera) con una pintaza de escándalo.

      Y qué bueno que también hayas heredado su entusiasmo. Ver a la gente hablando con pasión sobre las cosas que disfruta es un placer. Y por eso siempre disfruto cada visita a tu blog. 😉

      Sí, ha sido bastante curioso que en cuestión de meses dos editoriales independientes hayan decidido rescatar su primera (Nog) y última (Zebulon) novela; pero todo debe haber sido fruto de la casualidad. Bendita casualidad.

      Muchas gracias por tus piropos Eibi, me estás malacostumbrando y el día que no reciba ninguno no voy a poder darle la vuelta a la situación.

      Ya me contarás si triunfa el regalo…

      ¡Un besazo enorme!

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  3. Aquí otra que no ha leído nada de western y encima lleva un par de años pensando en organizar un mes temático en el blog… ¡En fin, de ilusión se vive! Conocí a Wurlitzer también hace relativamente poco, a pesar de ser un guionista tan relevante (los 70 no son lo mío). Me hablaron muy bien de otro libro suyo, Nog. Aunque tal vez me anime con este primero, que ya lo he visto por la biblio.
    Lo que cuentas de los temas y la ambientación suena muy bien. Ya te contaré que me parece si lo pillo. ¡Un beso!

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    1. Lo del mes temático suena de lujo… Si esa ilusión se hace real alguna vez te pido por favor que me avises por todas las vías posibles, jajaja.

      Yo tampoco conocía a Wurlitzer, pero cuando leí que trabajó con figuras como Hellman, Peckinpah o mi admiradísimo Antonioni, pues se me hizo la boca agua…

      A Nog le tengo ganas ahora que he leído Zebulon, Ya me contarás si al final te animas con él.

      Gracias por pasar Cris, ¡besos!

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