Tres Rosas Amarillas – Raymond Carver (Reseña)

Para Anna,

“La vida era una piedra que lentamente se iba gastando y afilando”.

Antes de empezar con la reseña voy a compartir las premisas de los siete relatos que componen este libro, para que los desconocedores de Carver comprendáis mejor su universo literario, sus obsesiones y los temas de sus relatos.

Cajas:
La madre del protagonista tiene toda su vida guardada en cajas, viviendo en una eterna mudanza. Mudanzas con el fracaso como destino, ya que la madre no tarda mucho en empezar a repudiar cada nuevo hogar, para desesperación del hijo… y su mujer.

Quienquiera que hubiera dormido en esta cama:
En este relato se nos narra la noche en vela de dos amantes, los cuales se desnudan emocionalmente, compartiendo sus reflexiones y miedos más profundos.

Intimidad:
Un hombre que está de paso en la ciudad de su exmujer decide visitarla. El relato es básicamente un cúmulo de reproches por parte de ella, mientras el protagonista aguanta impasible el sermón.

Menudo:
Una reflexión intimista sobre la vida amorosa del protagonista. Con el gran amor como su primera esposa, el amor fallido como la esposa actual, y las esperanzas de un nuevo amor como la vecina con la que mantiene un affaire.

Elefante:
Un agobiante relato sobre un hombre oprimido por una familia que le atosiga para que les preste dinero, teniendo que rebajar su nivel de vida a límites abrumadores. Al terminar la lectura, el lector toma aire de forma impulsiva ya que la sensación de ahogo es terriblemente contagiosa.

Caballos en la niebla:
Carver se aleja del realismo sucio para narrarnos una fábula Faulkeriana sobre el desamor. Un hombre recibe una carta anónima que narra el declive de su matrimonio y sospecha que la autora es su propia esposa.

Tres rosas amarillas:
El broche de oro de esta maravillosa recopilación. Carver nos ofrece su magistral relato histórico sobre los últimos días de Chéjov. Un homenaje a la altura de su protagonista, donde el autor nos ofrece su mejor versión.

He elegido (más bien acordado con Anna) hablar de Tres Rosas Amarillas, pero el universo literario de Carver es tan monocromático, tan gris, que prácticamente diría lo mismo sobre cualquier obra suya. Muchas veces siento que Carver hizo una única fotografía, pero desde mil perspectivas diferentes.

Su universo literario es tan personal que es difícil hablar sobre un libro sin que lo que se diga se pueda aplicar a otro. Carver siempre habla de perdedores con existencias insustanciales. Vidas anodinas repletas de problemas que en muchas ocasiones llevan al protagonista a situaciones límite… desde una perspectiva emocional, por supuesto.

Cualquier gran escritor, o simplemente buen escritor, elabora un mundo en consonancia con su propia especificidad. Tal cosa es consustancial al estilo propio, aunque no se trate, únicamente, del estilo. Se trata, en suma, de la firma inimitable que pone en todas sus cosas el escritor. Este es su mundo y no otro. Esto es lo que diferencia a un escritor de otro.

Carver tiene una prosa directa y de aparente sencillez, la cual puede llevar a equívocos sobre su literatura, que lejos de continuar esa línea de frialdad y minimalismo narrativo, refleja la complejidad de nuestras emociones con una destreza inusual.

Carver es uno de los maestros que desmontó pieza por pieza esa gran mentira sobre la impoluta USA. Si los autores del noir clásico fueron clave a la hora de mostrar al mundo la suciedad de la sociedad estadounidense, existe otro sector de escritores igual de imprescindibles para comprender no la inmundicia sino la tristeza de esa América de la posguerra. Y en ese sector, Carver ocupa un lugar significativo.

“Casi todos los personajes de mis historias llegan al punto en que se dan cuenta de que el compromiso que les dieron juega un rol muy importante en sus vidas. Entonces en un único momento de revelación cambian la rutina de sus días. Es un fugaz momento en el que no quieren más el compromiso. Y después de todo ellos comprenden que nada cambió realmente”.

Si tuviese que simplificar el universo de Carver en una sola palabra, esa sería amor. Pero no el amor edulcorado y falso que nos venden día tras día. Amor en su mayor amplitud y con todas las connotaciones negativas que dicho concepto conlleva. El amor tóxico y dañino, el amor como fuente de soledad, el amor como la tristeza más irracional y nociva. Y por supuesto, el amor como compresión, el amor como desnudez sentimental o el amor como perdón.

Es por ello, que más allá de su condición de perdedores, considero a los protagonistas de estos relatos como pequeños héroes. Luchadores que buscan algún resquicio de felicidad y amor en sus mustias existencias. Personas que se niegan a rendirse del todo, sea por esperanza o por simple cobardía.

“Sólo podemos llevarnos a la tumba la satisfacción de haber hecho lo mejor”.

Tres Rosas Amarillas es un libro de relatos sobre fracasos matrimoniales, problemas familiares, existencias vacías y reflexiones solitarias. Todas ellas con una fuerza narrativa escalofriante y una prosa sobria y directa.

Una de esas obras literarias que duran un suspiro entre tus manos, pero no así en tu mente. Un libro de sentimientos en las antípodas del sentimentalismo. En definitiva, una razón más para adorar a Carver.

Puntos positivos:

+ Prosa sencilla y de implacable fuerza narrativa.
+ Sentimientos sin sentimentalismos.
+ Su honesta profundidad emocional.

Puntos negativos:

Algunos finales dejan una sensación agridulce.

Valoración: Excelente.

Anuncios

10 comentarios en “Tres Rosas Amarillas – Raymond Carver (Reseña)

  1. Se dice, se cuenta, se comenta, que una vez le preguntaron si sus cuentos eran minimalistas, a lo que respondió: “Yo no sé qué es eso del minimalismo. Yo sólo quería escribir como Chéjov”

    Otro día con más tiempo, me paso de nuevo por aquí.

    Un saludo 🙂

    Le gusta a 2 personas

    1. Hay dos frases de él sobre el arte de escribir que me encantan, porque reflejan perfectamente su visión y estilo:

      “Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro”.

      “Todo es importante en un relato, cada palabra, cada signo de puntuación. Creo mucho en la economía dentro de la ficción. Algunas de mis historias como “Vecinos” fueron tres veces más largas en sus primeros borradores. Me gusta realmente el proceso de reescribir.”

      Y sí, su pasión por Chéjov es evidente. El cierre de este recopilatorio es un gran homenaje al ruso y no son pocas las veces que le han etiquetado como “El Chéjov americano”.

      Qué alegría que hayas sido la primera en pasarte por aquí. Yo ya he cumplido con mi parte del trato (dedicatoria incluida), ahora te toca a ti. 😉

      Le gusta a 1 persona

    1. Pues si sueles disfrutar de los relatos, Carver es una lectura obligatoria. Hay quienes no opinan como yo, pero cualquiera de los recopilatorios resulta ideal para adentrarse en su universo literario.

      Si te han interesado las premisas de los relatos que componen Tres Rosas Amarillas, te animo a que des el paso.

      Un saludo, y gracias por pasarte.

      Me gusta

  2. Gracias a este blog (a ti) conocí al autor y tengo algún libro suyo ya a mano y esperando a ser leído. Esta entrada me ha dado más ganas de adentrarme en su mundo así que seguramente caiga antes de lo “pensado” (en realidad no programo lecturas pero lo tendré más en cuenta que otros)

    Los finales agridulces si son coherentes con la historia y no son forzados, me gustan. No todos tienen que ser felices o tristes…

    Un abrazo 🙂

    Le gusta a 2 personas

    1. No me cansaré de recomendar a Carver, pocos autores pueden lograr tanto con tan poco. Su parquedad de palabras no obstaculiza que llegue a lo más hondo del lector.

      Un final más que agridulce me pareció abrupto y otro en cambio innecesariamente alargado. Es una opinión personal, pero hay un final que hubiese agradecido que se hubiese cerrado antes, y otro al que una página más le hubiese venido bien.

      Pero en general, el nivel de los relatos es altísimo, ¡y el último (Tres rosas amarillas) es de diez!

      Gracias por pasarte, ¡un abrazo!

      Me gusta

    1. No seré yo quien ponga límites a tu peloteo, por lo que la próxima tampoco te cortes, que serán muy bienvenidos jajaja.

      Haciendo un símil musical, Raymond Carver es como esa canción de pocas notas que te hace llorar.

      No le hace falta una orquesta de 40 personas y coros gospel para llamar la atención. Una guitarra vieja y una voz quebrada por tabaco y alcohol y listo. Te llega y se queda.

      Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s