El Hotel Blanco – D. M. Thomas (Reseña)

Se preguntó si ella había crecido obsesionada con el sexo. Admitió que pensaba en ello casi todo el tiempo: “Y si no estoy pensando en el sexo, estoy pensando en la muerte. A veces, en las dos cosas al mismo tiempo”- añadió con amargura.

El Hotel Blanco llegó a mis manos por el simple hecho de que su sinopsis me sedujo de una forma hechizante. Desconocía tanto al autor como la novela, y jamás había leído nada sobre la obra en cuestión. Por lo que me encontraba ante una lectura honesta; con nulas expectativas y la curiosidad como único motor de avance.

Una experiencia que realmente echaba de menos, debido a la a dificultosa tarea que resulta llegar plenamente ignorante hacia cualquier obra artística en la “era de la información”.

Y resulta paradójico llegar de forma virginal a una novela marcada tan intensamente por el erotismo y la violencia.

En esta magnífica obra se nos narra la vida de una cantante de ópera con dolores psicosomáticos en el pecho y ovario izquierdos. Con la intención de paliar el sufrimiento, decide someterse a una terapia con nada más y nada menos que Sigmund Freud. Así, en gran parte del relato se nos narrará en un tono pseudo-ensayístico (o clínico) uno de los primeros casos del padre del psicoanálisis.

Si por algo destaca el relato de Thomas es por su heterogeneidad narrativa. Desde poemas, hasta capítulos enteros escritos de manera epistolar, diarios y terapias de psicoanálisis.

El primer tercio de la novela, de clara atmósfera onírica, te atrapa por su tono altamente poético y su erotismo hipnótico. El lenguaje sexual tan explícito y a la vez bucólico de la narradora está a un nivel inaudito. Lo suficientemente cuidado para no caer en lo pornográfico, pero también narrado de una forma manifiestamente erótica y directa, sin florituras.

Tanto en prosa…

– ¿Sientes como cae la sangre? – preguntó el amante.
– Siempre – dijo ella – . Me indispongo todos los otoños. La besó, excitado por la fragancia a cerceza de su barra de labios; el cálido y húmedo sabor del beso le avivó el deseo. Ella tuvo que apartarse para coger aliento, pero le encantó el sabor a cereza de su barra de labios en la boca de él, y volvieron a besarse, roces de labios interminablemente breves. Ella se separó otra vez, diciendo que la música le despertaba ganas de cantar. Pero ya les estaba mirando un número excesivo de comensales y parejas bailando. Le levantó el vestido por delante, ella trató débilmente de bajárselo, pero la garganta le dolía de placer y el insistió:
– Por favor, déjame, por favor.
Fue un ronroneo para el oído de ella, mezclado con el dardo de su lengua.
– Pero te vas a manchar de sangre – susurró ella.
– No importa – respondió él-. Quiero tu sangre.
De modo que ella le rodeó el cuello con un brazo y le dejó hacer lo que quería. Los bailarines y los comensales hicieron la vista gorda, sonriendo, y ellos les devolvieron la sonrisa.

… como en poesía:

[…] Cuando la puesta de sol desviaron su mirada
no hacia ocaso purpúreo, sino a la llamarada
que circundaba el hotel, nuevamente visible
entre los altos pinos. El resplandor eclipsó
la luz del cielo; un ala estaba ardiendo,
y la gente espantada corrió a proa y miró el fuego.
Entonces me puso sobre él sin previo aviso,
su hijo me empaló, fue tan dulce que chillé
pero nadie me oyó entre gritos ajenos
cuando cuerpo tras cuerpo caía o saltaba
de los pisos más altos del hotel blanco.
Yo brinqué y empujé hasta que su polla
derramó su suave y rico licor. De los árboles pendían
cuerpos abrasados, volvió a ponerse erecto,
de nuevo arremetí, oh, no puedo explicarle
qué arrebato el nuestro, el fuego asoló el ala,
se veían las camas, ignoramos la causa […]

También me gustaría subrayar la habilidad de D. M. Thomas para ir mostrando la trama poco a poco, como si de un puzzle se tratase.

Eso sí, el desconocimiento que despierta este tramo en el lector no resulta ni desconcertante ni molesto para el lector, sino que te atrapa y te hace continuar para saber más, o al menos entender qué es lo que realmente está ocurriendo.

Y mientras tanto, cartas entre Freud o su propio diario clínico se entrelazan para devolver al lector a la tierra y no se pierda entre esa onírica pieza narrativa.

El segundo tercio de la trama, en cambio, se centra en la terapia de Freud con la paciente, en sus conclusiones sobre el caso en particular y, sobre todo, en la vida de la paciente una vez terminada la terapia, que según las palabras de Freud “está curada de todo, menos de la vida”.

Las conclusiones de Freud son pequeñas fragmentos que nos ayudarán a conocer mucho mejor a la paciente, y así ir desgranando poco a poco su vida, haciendo que empatizar con ella sea relativamente fácil.

Es decir, que la terapia narrada mediante las cartas y el diario de Freud y sus conversaciones con la paciente, son los mecanismos narrativos para adentrarnos en la vida de la paciente, verdadera protagonista de la novela, y así conocer su historia de una forma mucho más original que el típico relato biográfico que nos podríamos encontrar en cualquier otra novela.

El tramo post-terapia donde la paciente nos cuenta su “retorno a la vida”, en cambio, quizás sea la parte menos original de todas. La más convencional.

La paciente nos cuenta su vuelta a los escenarios y su búsqueda de la felicidad con una Europa de entreguerras y la ópera como telones de fondo. Todo ello, por supuesto, con una escritura elegantemente cuidada y sin dejar de lado las inevitables caídas emocionales que se deben asumir en tales circunstancias.

Por el contrario, los dos últimos capítulos son un cambio radical difícil de asumir tanto para los personajes como para el propio lector.

El último tramo del libro toma una vía de “horror-histórico” en un tono trágico y repleto de desesperanza, sin un pequeño hueco para que entre algo de luz en la oscuridad que se cierne sobre Europa.

Acabando todo con un capítulo final que recupera el tono onírico de las primeras páginas, que puede desconcertar al lector pero resulta necesario para cerrar el círculo de la confusa narración que se nos mostraba al principio.

Si leéis sobre la novela, os llevaréis excesiva información sobre esta última parte, por lo que mi recomendación es empezarla lo más desinformados que podáis, aunque suene estúpido cuando en esta reseña yo mismo os esté desnudando la obra.

Disculpadme por ello, pero la lectura de esta novela es de esas que dejan huella, y sentí la necesidad de reseñarla y aportar mi granito de arena para dar a conocer una de esas joyas desconocidas que muchos lectores tanto agradecen.

Puntos positivos:

+ Su heterogeneidad narrativa y las creíbles voces de los distintos narradores (Freud, la paciente, etc.)
+ Hechizante y cuidada prosa en cada uno de los estilos que lleva a cabo el autor.
+ Que ese híbrido de géneros que va desde la poesía hasta el formato epistolar, pasando por la psicoterapia y los diarios analíticos resulten, contra todo pronóstico, una lectura ágil y adictiva.

Puntos negativos:

Esos saltos de género (erótico, clínico, epistolar, horror-histórico, etc.) puede llegar a apabullar si no se acepta su anárquico (y único) baile narrativo.

Valoración: Excelente.

Desafortunadamente, la gente necesita chivos expiatorios. Freud hacía mirarse hacia dentro, urgar en los aspectos negros de la personalidad, por eso todos los dictadores y los políticos que quieren una explicación simple de la vida odian a Freud. – D. M. Thomas.

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2 comentarios en “El Hotel Blanco – D. M. Thomas (Reseña)

  1. ¿Te dedicas a la venta? :p
    No conocía ni la obra ni al autor (creo) pero ahora quiero hacerlo y con este libro. Tengo curiosidad, por los géneros y esa forma anárquica de mezclarlos.
    Un beso!

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    1. No, no me dedico a la venta, pero muchas gracias por ese original cumplido, jajaja. 😉

      Ha sido toda una sorpresa para mí. La vi de oferta (junto a otras obras de RBA) en Amazon cuando tenía que realizar una compra y se vino para casa, solo por su interesante sinopsis y el visto bueno de Salman Rushdie. Nada más.

      Y ya ves, encantadísimo con la lectura. Me ha parecido una pieza narrativa maravillosa y, en cierta manera, única.

      Muchas gracias por pasarte, un beso.

      Me gusta

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